LA ANTORCHA OLÍMPICA PASÓ, Y PASÓ…

Argentina, en todos sus niveles, perdió el viernes una oportunidad de solidarizarse con los tibetanos y demás chinos que sufren violaciones gravísimas a sus derechos más elementales.

Pasó la antorcha olímpica, y pasó. Ningún funcionario de relevancia dijo nada. En un país donde se hace alarde del respeto a los derechos humanos, se recibió al símbolo de las olimpíadas que se van a hacer en un país que los está violando sistemáticamente y no pasa nada. Cristina K que hace un mes humilló frente a la prensa y el congreso al presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang, por su dictadura, ahora no dice nada. Claro, aquel era un país que tenemos que ir a buscar en el mapa, perdido en el Africa ignorada. Esto crea una imagen de defensor de los derechos humanos y no trae ninguna consecuencia. Pero con China es distinto. ¡Cómo vamos a cuestionarlo! La misma Cristina dijo alguna vez “los derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha”. ¿Entonces? ¿Por qué no criticar la masacre de tibetanos, la expulsión de periodistas, la detención y desaparición de los practicantes de Falun Gong? Adivino alguna razón comercial.

La prensa también perdió su oportunidad. En todos lados salió la antorcha olímpica, y de la contra marcha solo se dijo que no hubo incidentes. No se dijo porqué marchábamos, qué reclamábamos. Mostraban a Macri orgulloso diciendo que Buenos Aires era una ciudad pacífica. Cuando en realidad se estaba comportando como una ciudad reprimida, ignorante, dormida.

La sociedad civil también perdió su oportunidad. Fueron más los voluntarios que se anotaron para ayudar en el operativo que recibió a la antorcha, que los que marchamos en contra. Y ni que hablar de las decenas de miles que aplaudieron el paso de la antorcha.

¿Cuál fue la oportunidad que perdimos? Fue la oportunidad de decirle a China que no puede seguir violando los derechos humanos. No pretendíamos boicotear los juegos olímpicos (aunque para mi una sola vida lo vale). Ni el Dalai Lama, líder tibetano exiliado en la India, se opone a los juegos. Pero no quiere perder la oportunidad, de que, ahora que el mundo va a poner sus ojos en China, conozcan su tragedias.

La dictadura argentina quiso legitimarse ante el mundo cuando se hizo el mundial de fútbol del 78, pero no le salió muy bien, el mundo puso sus ojos en el país y en el 80 le dieron el premio Nobel de la Paz a Pérez Esquivel, en un claro cachetazo a los militares de turno. Poco después cayó la dictadura.

Esperemos que el mundo no sea tan quedado como los argentinos, y no deje pasar esta ocasión de decir lo que hay que decir.

PD: en unos días va a pasar la antorcha por el Tibet, y seguro que van a matar a muchos, porque ellos no se vana callar, y los van a reprimir. Sin embargo el comité olímpico sigue inmutable, dicen que no quieren mezclar la política con el deporte. Pero va a seguir muriendo gente. Ojalá me equivoque.

12/4/08

Tomás Baliña

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